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Cuando la vida acelera ya su paso…

Cuando la vida acelera ya su paso, cuando sabes que es más lo que queda atrás que lo que hay por delante, cuando los meses caen como hojas de otoño del calendario de la pared y los años pasan tan rápido que los confundes, son muchos los recuerdos y las imágenes que acuden a la mente: aquella primera cita que resultó ser un plantón, un primer amor que prefirió serlo de un amigo, el primer beso, la primera caricia…sí, son muchos los primeros y primeras experiencias que recuerdas. Y en todas hallas ternura, inocencia y calidez, sobre todo calidez. También recuerdas los amores que vinieron después que, uno tras otro, acuden a tu memoria aunque no los llames. Y de todos recuerdas momentos llenos de pasión, de magia y de poesía, siempre de poesía. Y, cómo no, el que fue tu gran amor no podía faltar a esa fiesta en la que se convierten tus solitarias tardes de ahora reviviendo todo aquello que, alguna vez, dio sentido a tu vida… y fueron tantas cosas, tantos sentimientos, tantas emociones…

Echando la vista atrás te das cuenta de que has vivido mucho, de que has procurado ir por la vida sin hacer daño a los demás, de que casi todo lo que te parecía importante nunca lo fue y de que, al final, lo que verdaderamente recuerdas son esos instantes aparentemente insignificantes en los que amaste, en los que te amaron, en los que compartiste todo eso que llevas dentro… También recuerdas, porque nunca las olvidas, todas las vidas que no viviste, los sueños que anhelaste, los besos y los abrazos que no diste, las pasiones que no llegaste a compartir, los amores que pudieron haber sido… al final son esos momentos soñados o vividos los que te han hecho como eres y te han enseñado a mirar la vida como tú la miras.

La vida se acelera a tu alrededor, todo pasa cada vez más rápido, pero tú has aprendido a disfrutar el presente. Sabes que el pasado es recuerdo, que el futuro nunca ha existido y que solo vives tu aquí y tu ahora. ¡Y lo disfrutas! Saboreas cada instante, cada cosa aparentemente sin importancia que te hace sentir, el calor del sol en tu piel, la luz del atardecer, la caricia de la brisa en tu cara, el aroma de aquella flor, el susurro de las hojas que te saludan desde el árbol cuando pasas… y esa mano que, cada día, te ayuda a levantar y te recuerda que estás vivo, intensa y maravillosamente vivo.

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